LOS CLÁSICOS DE ANTAÑOS…LOS VERDADEROS CLÁSICOS

Nos adentramos en el baúl de los recuerdos para revivir los clásicos que se han jugado en el fútbol chileno


Rumbista: Claudio Gonzalez

Me contaba mi abuelo que en sus tiempos los clásicos universitarios eran otra cosa, si bien los equipos se preparaban esa semana en forma especial, las casas de estudio vivían el clásico con semanas y quizás meses de anticipación preparando disfraces, bailes, un verdadero corso lleno de colores.

Contaba mi abuelo que El Estadio Nacional, se vestía de etiqueta y era testigo como los mismos estudiantes universitarios eran los protagonistas de tan magna fiesta, una verdadera alegre celebración antes de los partidos. El estadio estaba colmado horas antes del encuentro para presenciar un espectáculo que se iba a replicar en algún clásico regional. El sector norte era para la barra para Los Cruzados y el sur para el Romántico Viajero, que por la pista y cancha habían carros, caballos y bailes.

Contaba mi abuelo que la jornada era larga, la gente llevaba su cocaví y nadie, sí nadie ponía trabas para entrar con platos, vasos, bebidas y cualquier otro objeto que hoy sería llamado contundente y peligroso para la integridad física de los participantes.

Contaba mi abuelo que en los antiguos clásicos universitarios, los estudiantes  de cada casa de estudios, estaban íntimamente ligados al club, pues Club Deportivo y Universidad eran uno solo, por lo que el sentido de pertenencia entre Universidad y Club estaban enlazados de verdad.

Contaba mi abuelo que con el tiempo  artistas de todas las variedades, cantantes, bailarines, pintores, actrices, se daban cita para engrandecer aún más tan magno espectáculo.

Contaba mi abuelo que no era extraño ver en un bar a  dos o más hinchas de equipos contrarios bebiendo una cerveza  en la misma mesa riendo, sí riendo y conversando pues las diferencias unían y no había razón posible para entender la rivalidad que no sea otra que la deportiva.

Contaba mi abuelo que eran dos partidos aparte, que Universidad presentaba el mejor espectáculo previo al partido y por supuesto el marcador del partido mismo, así cas ochenta mil personas que rebosaban el coloso ñuñoiono vivían una fiesta de la cual podían conversar durante toda la semana.

Me contaba mi abuelo que esas historias ya no se iban a repetir, que eran tiempos que ya no volverían.

Mi abuelo partió hace ya varias décadas, pero cuánta razón tenía el viejo, esos clásicos no volvieron, y están lejos de hacerlo, quizás porque cada tiempo pasado fue mejor.

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